Alguien, al otro lado, todavía piensa en ellos

Jul 28, 2017

Entre el 3 de junio y el 22 de julio La vida de nos estuvo publicando, cada sábado, una serie denominada “Son presos políticos, nosotros también”, en la cual se contaron los casos de 8 presos políticos, desde la perspectiva de alguno de sus familiares, con el fin de mostrar la dimensión humana de un drama que a veces se pierde en la estadística.  

Fotos: Fabiola Ferrero

 

La libertad es uno de los más caros valores de la Humanidad. Estos intensos cuatro históricos meses que hemos estado viviendo los venezolanos, con centenares de historias de abyección y heroísmo, son una muestra fehaciente de ello. Las protestas, que se iniciaron el 1 de abril de 2017, se intensificaron con el anuncio de una Asamblea Nacional Constituyente, sus respectivas cargas de amenazas y una profundización en el agrietamiento de las libertades y los derechos ciudadanos.

Y si para la población en general estos meses de incertidumbre y violencia han sido duros y difíciles de llevar, debido, entre otras cosas, a esa persistente sensación de indefensión que se respira en el ambiente, cuesta imaginar lo que han debido padecer los miles de venezolanos que han conocido la dura experiencia de encontrarse privados de libertad por la sola razón de pensar distinto, y hasta por encontrarse en el lugar y el momento equivocados.

Desde su nacimiento, La vida de nos se ha propuesto, a través del poder de las historias, ofrecer retratos parciales de la realidad venezolana, a través de la mirada de sus protagonistas, con la intención de producir un gran fresco que permita contar cómo se vive en la Venezuela de estos tiempos.

Y para mostrar este fresco del momento, no podíamos dejar por fuera la situación de los presos políticos. Por esta razón ideamos la serie: “Son presos políticos, nosotros también”. En ella recopilamos las historias de ocho venezolanos que han vivido (están viviendo, en la mayoría de los casos) la amarga experiencia de verse privados de libertad.

A veces los números nos alejan de la verdadera dimensión de la tragedia humana. No son números. Son seres humanos. Y sus historias no solo hablan de injusticia, miedo, malos tratos, un precario sistema de justicia y abuso de poder, sino que además nos permiten acercarnos a la solidaridad, entrega, esperanza y fortaleza de los familiares cuyas vidas, también, cambiaron para siempre con esa experiencia.

Por eso enfocamos nuestras historias desde la mirada de algún familiar que ha sido el necesario sostén anímico de quien, estando lejos de los suyos, en manos de sus captores, solo puede tener esperanza sabiendo que alguien al otro lado todavía piensa en ellos. Por eso también nos centramos en ciudadanos comunes y corrientes, convertidos en presos políticos, como una forma de evidenciar que las figuras visibles constituyen la minoría en esa gran pesca de arrastre que es la represión en Venezuela.

De esta manera, en la serie “Son presos políticos, nosotros también”, que estuvimos publicando durante ocho sábados consecutivos, desde el 3 de junio hasta el pasado 22 de julio, contamos las historias de 1) Efraín Ortega, recluido en la cárcel de El Rodeo bajo acusación de terrorismo, 2) Luis Rafael Colmenares, cajero de un banco en Maracay acusado de formar parte de un plan golpista, 3) Eduardo García, un joven de 22 años, quien estuvo preso casi tres años en Maracaibo, acusado de agavillamiento y otros delitos; 4) Andrea González, presa desde el 2015, acusada de planificar un atentado contra la hija de Diosdado Cabello; 5) Arube Pérez, un ex policía metropolitano preso por los sucesos de abril de 2002; 6) Carmen Gutiérrez Acevedo, una asesora de belleza de San Antonio de Los Altos acusada, al igual que su esposo, el coronel José de Jesús Bustamante, de terrorismo y de organizar saqueos; 7) Renzo Prieto, un deportista tachirense electo diputado, al que no le han respetado su inmunidad parlamentaria, y 8) Katiuska Salón, una estudiante de Derecho en Barquisimeto, acusada de delitos militares.

Nuestra realidad actual no se habría contado completa sin estas historias. Alejadas usualmente del foco de atención de la opinión pública, conforman una radiografía del uso del sistema judicial para el amedrentamiento de los ciudadanos.

Fue un trabajo arduo que valió la pena. Estamos muy agradecidos con nuestros colaboradores (periodistas y fotógrafos), por este excelente resultado.

 

Albor Rodríguez / Héctor Torres

 

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