Lo que se mueve en el corazón de las personas

Oct 06, 2018

La serie Son presos políticos, nosotros también, producida por La vida de Nos, resultó finalista en la categoría Texto de los Premios Gabriel García Márquez de Periodismo 2018, organizados por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). A propósito de ese honor para un proyecto con menos de dos años de fundado, sus editores, Albor Rodríguez y Héctor Torres, disertan en este texto acerca de las búsquedas, tanto estéticas como conceptuales, que mueven la existencia de este portal, destinado a mostrar la Venezuela de hoy a partir de las historias de su gente.

Cuando las sociedades entran en períodos de inestabilidad agravada, cuando su sentido de normalidad y sus valores se ven derrumbados, los ciudadanos nos encontramos frente a encrucijadas que nos obligan a tomar decisiones. El fenómeno social que englobamos bajo el nombre de crisis tiene la facultad de presionarnos, de empujarnos, de desplazarnos de un lugar a otro. Que el género testimonial haya alcanzado la excelencia a partir de 1945, es el resultado del inmenso dolor que la guerra, los regímenes totalitarios y los campos de concentración causaron a la especie humana. Por fortuna, miles y miles de los que escaparon de la muerte escribieron para que no se olvidara el horror o, quizás, para acompañarse. Escribieron diarios, cartas y memorias, mientras huían o permanecían escondidos en lugares asfixiantes. Otros lo hicieron tiempo después, cuando las cosas habían cambiado. Pero unos y otros, desde la urgencia o el sosiego, volvieron a descubrir algo que la poesía y los textos sagrados nos han enseñado desde hace milenios: algo hay en la escritura que salva, que ensancha el horizonte, que redimensiona la experiencia de vivir o le da sentido al sufrimiento.

Desde 1998, muy pocos han salido indemnes de la tragedia venezolana. Varios miles de muertos y heridos, millones de exiliados, millones de familias empobrecidas, centenares de presos políticos y de personas torturadas, tal es el grueso balance de la nefasta etapa en curso. A los venezolanos nos ha correspondido decidir cómo enterrar y recordar a nuestros muertos; buscar las maneras de hacer más llevadera nuestra creciente pobreza; ensayar rutas para huir del hambre, de la enfermedad y de la muerte.

En medio de este terrible estado de cosas, los periodistas venezolanos han sido interrogados por su oficio. Desde comienzos del siglo XX, cuando empieza a ejercerse el periodismo bajo parámetros profesionales en Venezuela, nunca habían sido confrontados de forma tan acuciante y radical como en estos años. Han sido interrogados sobre su coraje, la lengua con la que se expresan y la capacidad de ir más allá de ellos mismos.

La Vida de Nos significó el privilegio de haber tenido la posibilidad de elegir el camino que tomaríamos. Y ese camino ha determinado nuestro recorrido desde enero de 2017 hasta el reconocimiento de haber sido finalistas del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2018.

Desde el primer chispazo de nuestra decisión, nos propusimos diferenciarnos. Una somera mirada al periodismo venezolano de la última década, arroja unos resultados admirables y sorprendentes a un mismo tiempo. Apareció un reporterismo de calle que ha debido sobreponerse a las balas, las bombas lacrimógenas, las detenciones, los golpes de bandas paramilitares, las amenazas y los juicios en tribunales.

De forma simultánea, han aparecido emprendimientos dedicados a la investigación. Se han fundado varios portales que congregan a muchos de los mejores periodistas venezolanos. Estos han sido determinantes para llevar hasta la opinión pública las más insólitas tramas de corrupción, la demolición de la industria petrolera, las innumerables y oscuras corrientes de la acción del poder, cuyo resultado es la destrucción de todo cuanto es posible destruir de un país y del funcionamiento de una sociedad.

Nuestra elección ha sido distinta. Procura, en lo esencial, un modo de aproximarse a las personas y a la realidad, alimentado no solo por el periodismo sino también por la literatura. Es, si nos permiten, una aproximación que entraña una poética.

Las historias que ha publicado La Vida de Nos, 143 hasta ahora, no fueron concebidas para responder a todas las preguntas. Hemos reivindicado las miradas parciales, sin separarnos nunca del anhelo de veracidad y el apego a los hechos. No elaboramos perfiles, sino algo más específico: relatos de momentos en la vida de una persona; de momentos de decisiones frente a una encrucijada. No usamos los textos para promover al texto mismo: dejamos a la soberanía del lector la calificación de lo que ha leído. Y hemos sido deliberados en despojar cada texto de la carpintería de la investigación que lo hizo posible.

Somos tenaces en hacer el mínimo uso imprescindible del contexto. No nos especializamos en la búsqueda de noticias de gran repercusión o de personajes prominentes: nuestros sismógrafos se interesan por lo que se mueve en el corazón de las personas.

Queremos alcanzar a los que, a falta de mejor denominación, llamaremos lectores comunes. Y queremos emocionarlos, conmoverlos. Sí, queremos hacer visible lo que hay de más humano en la vida de todos nosotros. Queremos que los relatos de personas sean como lentes a través de los cuales sea posible mirar a la Venezuela de estos años terribles.

La facultad de recordar es un enorme arco en La Vida de Nos, y recordar es, de acuerdo a su etimología, “volver a pasar por el corazón”. Es un método de producción de los textos; una corriente que fluye en cada línea; una fuente de emoción para el lector que se compenetra con el relato.

En medio de las inmensas dificultades, alguien podría pensar que el nuestro es un portal de víctimas. No. Es una recopilación de historias de la dignidad. Un trato entre el periodismo y unos ciudadanos, basado en el respeto. Porque, lo diremos con cuatro mínimas palabras: hablamos de personas que nos importan.

Más que producir contenidos, nuestro propósito es crear experiencias, tender un lazo sensible entre quien escribe y quien lee. Y la sencillez de nuestros textos, también deliberada, busca que no haya tropiezos para que ese lazo se hilvane.

En mayo de 2017, La Vida de Nos ofreció una serie de 8 historias, reunidas bajo el nombre de “Son presos políticos, nosotros también”. Al contrario de la expectativa que cualquier lector podría hacerse, hablan de personas que no son conocidas. Ese es el cuerpo de relatos con que nos presentamos en los honorables Premios Gabo, y en el que escribieron ocho comprometidos periodistas: Erick Lezama, Johanna Osorio, María Laura Chang, Estefanía Reyes, Daniel Pabón, Adriana Cuicas, Zandy Aliendres y Johann Starchevich.

Cierto es que hay muchas razones para invocar la palabra dignidad. La dignidad de la que hablamos en estas historias de inocentes, a quienes se impuso la condición de presos políticos, lo es por partida doble: por lo que se cuenta de ciudadanos indefensos y desarmados, y por los familiares que, desde el otro lado de la celda, resisten, alientan, esperan y luchan por la libertad. También ellos, de algún modo, están presos y luchan por liberarse. Cuando el hombre cuenta su historia está hablando de todos los seres humanos, y los personajes de nuestra serie representan el sentimiento y la condición de todo un país.

Hay momentos en la vida de cualquier persona, donde todo parece confluir para que las cosas no ocurran en vano. Es mucho lo que el pequeño equipo de La Vida de Nos ha aprendido en estos casi dos años de persistencia. Ahora sabemos que la condición humana es infinita e inatrapable. También sabemos que nunca dispondremos de las palabras necesarias para decir gracias. A todos aquellos que nos han abierto la puerta de sus recuerdos, a los periodistas, escritores, fotógrafos e ilustradores que nos han ayudado a plasmarlos, a los lectores que los han leído y, por supuesto, al jurado de los Premios Gabriel García Márquez de Periodismo, por habernos hecho acreedores de tan grande honor, en un momento en el que los venezolanos, como jamás en nuestra historia republicana, necesitamos ser escuchados.

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