Son presos políticos, nosotros también

May 23, 2017

Foto: Víctor Radovanovic

 

La imagen de una puerta giratoria sirve para describir cómo el gobierno del presidente Nicolás Maduro lidia con la disidencia política en Venezuela. Es la que suele usar el director ejecutivo del Foro Penal Venezolano, Alfredo Romero, quien desarrolló ese concepto para hacer ver cómo, cada vez que liberan a grupos de detenidos, encarcelan a una cantidad superior. Es lo que ocurrió en 2016. La puerta giró y, ciertamente, salieron en libertad 43 personas consideradas como presos políticos por esta organización no gubernamental. Pero pusieron tras las rejas a 55. Y el total de arrestos fue de 2.732 por motivos que fueron desde el ejercicio de la protesta en convocatorias antigubernamentales hasta publicaciones contra algún funcionario público en la red social Twitter.

Unos entran, otros salen, y esa puerta no ha dejado de girar desde abril de 2002, cuando Hugo Chávez todavía regía los destinos de la Nación. Entonces comenzó a hablarse de esos presos políticos, cuya liberación es una de las exigencias que está haciendo una parte importante de la población ahora mismo en las calles. La puerta no solo no dejó de girar sino que, desde que el presidente Maduro asumió el poder, ha incrementado su movimiento de forma exponencial. En el año 2013 el Foro Penal contabilizaba 13 presos políticos, y en 2014 ese número escaló a 310.

Gira tanto que puede hablarse de un promedio de 100 presos políticos nuevos cada mes. Las cifras del último reporte indican que, solo en abril de 2017, arrestaron a 1.668 personas. De ellas, 68 pasaron a engrosar la lista de presos políticos. ¿Qué determina que así sea? Las intenciones que existen detrás de la detención, las cuales, para el Foro Penal, son tres: neutralizar a líderes específicos que son considerados una amenaza política, intimidar a los grupos de los cuales el detenido forma parte (estudiantes, militares y activistas, entre otros) y sustentar narrativas del poder o hacer propaganda como las de la “guerra económica” o el “desacato” de los diputados de la Asamblea Nacional.

Con esa lógica, si antes había 117 presos políticos en distintas cárceles de Venezuela o en arresto domiciliario, ahora son 185, de los cuales algunos líderes de la oposición venezolana son solo la parte más visible.

Las ocho historias de nuestra serie “Son presos políticos, nosotros también”, las cuales publicaremos cada sábado a partir de hoy, 3 de junio, corresponden a aquellos que no salieron por esa puerta giratoria, hayan sido condenados o no. Solo uno de ellos salió en libertad, justo mientras hacíamos la investigación para escribir su historia, luego de casi tres años de cárcel.

Ninguna de estas historias tiene como protagonistas a figuras conocidas. Se trata, en su mayoría, de ciudadanos comunes y corrientes: un cajero de un banco, un joven bachiller, una repostera, un administrador y una cosmetóloga. Completan el abanico un militar, un dirigente estudiantil –también diputado suplente a la Asamblea Nacional– y un cabo de la extinta Policía Metropolitana. Son sus historias, pero también las de una madre, un padre, una hermana, un hijo, una esposa, un tío, una amiga, ciudadanos más comunes y corrientes todavía, lo cual revela que la condición de presos políticos arrastra también a sus familias y a quienes están en su entorno más cercano.

Con esta serie, La vida de nos quiso contar cómo les cambió a estas personas y cómo han tratado de entenderse con un sistema de justicia cuyas reglas no parecen ser las mismas para todos.

 

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Textos firmados por los editores.

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